Quien nos vio crecer a las dos dijo que yo, por inconforme y revolucionaria, a los 25 años tendría un aborto, 15 exnovios, dos visitas al medico por alguna enfermedad de transmisión sexual y un divorcio.
Por el otro lado dijo que ella, por tranquila y dulce, se casaría virgen, pura e inmaculada.
Así crecimos, yo con mis aires de revolución y ella con su parsimonia. Al pasar el tiempo, ella con 14 años tuvo un novio al que se lo mamaba en la sala de estar de su casa, él lo mismo a ella. Con 15 años, ella visitó por primera vez un motel y yo me empecé a preocupar por maquillarme y verme bonita, pero sin dejar a un lado mis aires de revolución. A los 18 tuve el primer novio y visité por primera vez un motel, acompañándola a ella a restablecerse de su primer aborto.
En su haber ya 8 novios y un aborto. Yo a penas mi primer beso con lengua. Empezó la universidad, allí el mundo de las dos se expandió, yo seguí con mis aires de revolución y un novio a cuesta que cada día me pesaba mas; ella conoció a novio numero 12. Fui por primera vez al ginecólogo, ella también por un escozor que termino siendo un herpes genital. A los 23 anuncié que me hacia profesional, ella anunció que se casaba. A los 24 se divorció y yo dejé en una sabana blanca la prueba de que a esa edad llegué virgen, pura e inmaculada, por mis aires de revolución.
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