Esta mañana salí de la oficina a casa de una empleada que está enferma, tenía que ir, no quería. Pasé primero por un supermercado, compré naranjas, zanahorias, leche y remolacha, luego por una farmacia a comprar el medicamento que ella está usando. Su posición en el lugar donde trabajo es conserje. La experiencia me dice que los primeros aliados en el lugar donde se trabaja son los conserjes. Bueno, llegando al punto, ella vive en Villa Duarte, en un callejón. Come mierda no soy, yo sé lo que es comerse un chimi sentada en un contén, lo que es beber cerveza en un colmadón y lo que es comer fritura en Villa Mella, conozco los barrios populosos de la capital. Pero a medida que me internaba en Villa Duarte me sentí extraña. Calculé que en ese instante entre zapatos, blusa, pantalón, cartera y ropa interior tenía alrededor de RD$10,000.00 encima y que el salario de Leyda (conserje) es de RD$7,500.00 mensuales, calculé que Leyda todos los días gastaba RD$40.00 para hacer la ruta casa-trabajo-casa en transporte público. Y que mi padre todos los días en la mañana me deja en el trabajo y me doy el lujo regresar en taxi a RD$130.00 el traslado. Tambien calculé que Leyda todos los días come de la comida que Doña Niña lleva, y que yo compro mi almuerzo en Green, Red o Dan Nacho, dependiendo de lo que quiera comer, gastando una media de RD$200.00 diarios. Mi familia no es rica, ni millonaria, pero vivimos bien, en mi trabajo gano bien. Pensé también en las clases de ingles, italiano, las clases de danza, en la universidad, en todo el dinero que he gastado en fiestas. Coño, es muy duro ser pobre en este país. Al llegar me fijé en la casa de Leyda, una casita sencilla, al menos no era de zinc y cartón, era de concreto, muy sencilla y humilde, pero bonitica aunque deprimente; pensé en mi casa; en una zona residencial segura y mu buena, sin ostentar pero con todas las comodidades.
Leyda está vuelta un esqueleto porque tiene una hemorragia que no se detiene más anemia, y todo porque no pudo recibir a tiempo la atención médica adecuada. Pensé en que si yo me enfermo y es necesaria la hospitalización tengo segura una habitación en la Clínica Abreu o en la antigua Yunen (no recuerdo el nombre actual) y atención médica de primera. Es muy duro ser pobre, no tener oportunidades de tener un buen servicio de salud, una educación, ir por la vida como un ignorante. Gracias doy que por los años 80 a papá Dios se le ocurrió la brillante idea de que naciera en la Clínica Abreu y no en el Hospital Gautier. Porque no me imagino la vida sin tener la oportunidad de elegir lo que quiero ser, de decidir lo que quiero. Muchas personas de procedencia humilde, muy humilde han sabido desarrollarse sin importar los obstáculos, pero yo no soy una heroína, ni tan fantástica. Coño, es duro ser una mujer pobre en este país, pasar hambre, no tener educación, empezar a dar bri desde los 9 años, para salir embarazada a los 12 años y dedicarse a tener hijos y tener 5 antes de los 21 y de padres diferentes, para cumplir 25 años y parecer de 40.
Pero más que no tener dinero, lo que me aterra de la pobreza es la ignorancia, la mentalidad del pobre, la mentalidad conformista del pobre, que ve todas sus carencias como algo irremediable y fatídico, ve su desgracia como la voluntad de Dios – la peor excusa del que tiene miedo a la superación, me parece tan estupido. Yo no aspiro ser rica, no me interesa ser ni rica, ni millonaria, solo quiero tener lo suficiente para vivir dignamente. No le temo al trabajo que dignifica, hoy soy encargada de una división, si caigo en desgracia y el día de mañana tengo que limpiar baños para sacar adelante a mi futura familia, lo hago, porque todo trabajo decente es digno, pero sé que a los pocos meses sería la encargada de todos los que limpian, no me conformaría. Al final, lo que me asustó cuando estaba con Leyda fue darme cuenta que es como un bonsai. Que a sus 35 años aunque suene triste, ya dio todo lo que tenia.
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