Ay Emilio... a ti creo que te amé, pero no estoy segura. Lo peor es cuando un hombre te encuentra interesante y no hace nada por tenerte, así fuiste conmigo. Recuerdo cuando nos conocimos. Estábamos los dos, en lo que sería la primera reunión de nuestro círculo de lectura. No pasó nada del otro mundo, sólo las fórmulas de etiqueta comunes, presentaciones, saludos, y la toma de decisión de quién sería moderador: Tú. No lo voy a negar, al principio sufría cuando veía tu incapacidad de hacer las cosas; planes magníficos Emilio, sin embargo nunca aprendiste a bajarlos de las nubes; buen estratega, pero incapaz de salir al campo de batalla y hacer cumplir las órdenes: ahí entraba yo, inspiraba respeto, lo sé. Nuestra amistad creció, pronto te convertiste vital para mí, creo que a ti ha sido el único a quien le he abierto mi corazón de par en par. Mis oscuros secretos, mis fantasías, todas las hiciste realidad, complaciste mis caprichos. Aun rojo de la vergüenza lo hiciste. Lo mejor de nuestra amistad es que nunca llegó a un plan romántico, éramos amigos con una intensidad casi voyeurista. Sé que uno de las cosas que más te gustaron de mí era mi curiosidad, y que hablaba con una franqueza no hiriente. Curiosidad y Franqueza en los inicios de la adolescencia... ¿Recuerdas cuando hablábamos por teléfono y te pregunté cuánto media tu pene? Imagino que hasta las puntas de tus pelos enrojecieron. Lo que más me sorprendió Emilio es que cambiaste de conversación y horas después me llamaste y me dijiste cuanto media según el último calculo que acababas de hacer. Emilio... años después admito que me avergüenzo de haberte preguntado eso, pero en realidad no creí que te ibas a masturbar. Supongo que te causó morbo. Siempre me sorprendías.
Me arrepiento de no haberte dicho que te quería en ese entonces. Sabes, en una relación entre un hombre y una mujer, cuando pasa un tiempo prudente y no se demuestra interés en una relación emocional, se pasa a la etapa de amigos. Duramos años siendo amigos ¿Por qué me decías que estabas fascinado conmigo? ¿Por qué no intentaste besarme o algo por el estilo? Nos mirábamos fijamente a los ojos esperando que otro reaccionara, tomara la iniciativa, pero ninguno de los dos tuvo el valor. El tiempo paso... seguimos siendo amigos. Me contabas de una chica que habías conocido, y fue inversamente proporcional, a medida que la llamabas y buscabas, dejabas de hacerlo conmigo. El mundo se abrió en dos bajo mis pies. Sabes, abusé, abusé de ti. Todas esas cartas que te escribí solo tenían un objetivo: hacerte sentir miserable por haberme desplazado. Al principio funcionó, pero pronto te volviste inmune... y que carajo, me costó superarlo y seguir con mi vida.
Emilio... ¿Ahora que tenemos? Recuerdos... lo único. Cuando nos encontramos nos saludamos, nos sentamos a tomar un café, me hablas de tu esposa. Yo te hablo de la carrera y mis planes, me dices que sigo siendo igual de exquisita, que el hombre que se casé conmigo será muy afortunado, yo te sonrío evitando mencionar que no tengo novio. Para qué me engaño Emilio, a ti te amé. Me afectaste tanto que mis amigos de toda la vida aun preguntan por ti.
No comments:
Post a Comment